Percontari Nº 5(2 min. lectura)

La frustración de no ser

Descubrir lo que uno verdaderamente es, libre de poses y afectaciones, debe considerarse como una misión fundamental en la vida. Sentirse un individuo realizado, aspiración que será siempre meritoria, justifica el interés sobre tal cometido. Es un llamamiento que, exceptuando a quienes prefieren la más censurable mediocridad, nadie optaría por menospreciar. Desde los tiempos antiguos, quienes, como Píndaro, procuraron ilustrar al prójimo han pregonado que, sin el conocimiento de nosotros mismos, todo mérito resulta insuficiente para sustentar la satisfacción personal. Aun la proyección de nuestra existencia, algo tan propio del individuo sensato, preocupado por no irrespetar los derechos ajenos, demandará labores en ese campo. En consecuencia, mientras haya inteligencia, corresponde que hagamos lo posible por contestar una pregunta reflexionada por Bertrand Russell, Michel Foucault y otros pensadores de diversa línea: ¿qué soy?

Del reconocimiento de uno mismo, efectuado sin importar los juicios que son lanzados por el prójimo, surgen ideas, planes, proyectos relacionados con lo venidero. De este modo, regularmente, concebimos desafíos que deben asumirse, pues, si prefiriésemos su evasión, incurriríamos en un despropósito mayor: obstaculizaríamos la tendencia, el impulso que, fundado en convicciones e ideales, nos conduce hacia donde un fenómeno tan importante como nuestra felicidad es posible. Ello no quiere decir que, al promover el aliento a las inclinaciones personales, los logros estén garantizados. No se trata de amparar una postura consecuencialista, tan apreciada por el utilitarismo; sean favorables o adversos, los resultados jamás deben entenderse como indispensables para motivar esa búsqueda del fin que haría posible nuestra realización. En otros términos, el acierto no irrumpe para su reconocimiento cuando hay éxito o fracaso; la sola apuesta por existir conforme a nuestras premisas más profundas y, obrando así, agotar los años debe juzgarse honorable.

Pensar acerca del fracaso se constituye en una faena indiscutiblemente provechosa. Hay filósofos que, como Montaigne, Schopenhauer o Nietzsche, nos ayudan a entender su impacto en la vida humana, tanto individual como colectiva. En las siguientes páginas, esas reflexiones son enriquecidas merced a diversos criterios que, con seguridad, aportan al análisis del asunto ya señalado. Como suele pasar, esperamos que todos los textos sean dignos de su atención. Quizá, por la impagable indulgencia del lector, tengamos éxito en este quehacer. 

 

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