Percontari Nº 8

Insuficiencia del aislamiento

En Grecia, cuando emergió la filosofía para beneficio del género humano, se subrayó el valor de conocerse a uno mismo. Lo postulaba Sócrates, pero también otros pensadores que no encontraban una mejor vía para notar errores, advertir limitaciones y progresar como personas. Tal enseñanza implica, entre otras cosas, que cada individuo reflexione sobre sus decisiones, dejando sitio al espíritu crítico, cuya presencia en nuestras vidas resultará siempre útil. Así, apartándonos de los demás, podríamos descubrir verdades que juzguemos relevantes, incluso indispensables para ser felices. Recordemos que, solo, sentado frente a una chimenea, Descartes nos obsequió las bases del pensamiento moderno. La duda se constituyó entonces en el punto de partida, un comienzo que serviría para orientarnos, motivando resoluciones e impulsando cambios. Con todo, sería un error suponer que cualquier inquietud puede ser liquidada merced a ese aislamiento.

Según Émile Bréhier, el hombre racional no puede sino aceptar tres dimensiones. Efectivamente, mientras tengamos esa condición, debemos lidiar con el hecho de ser históricos, trascendentes y sociables. Esta última faceta es tan importante que, si la relegásemos, diversas necesidades, hasta las impuestas por nuestra subsistencia, serían insatisfechas. Por lo tanto, siendo dicha realidad ineludible, debemos pensar en cómo establecemos un marco gracias al cual los problemas comunes sean enfrentados del mejor modo posible, respetando principios éticos, lógicos y jurídicos, entre otros. En este sentido, aunque haya casos excepcionales, como quienes aspiran a ser ermitaños, la relación con los demás impone el tratamiento de varias cuestiones. Es ilusorio creer que ninguna determinación adoptada por las otras personas, dispuestas a regir nuestra convivencia, podrá perjudicarnos. El distanciamiento radical no es sensato ni, menos todavía, moralmente plausible.

En esta nueva entrega, hemos asumido el encargo de discurrir sobre la convivencia, un concepto que supera esa coexistencia meramente natural, instintiva, animal, pues conlleva una carga cultural de la cual somos responsables. Tal como lo constatará, los aportes que comprenden este número han explotado diferentes enfoques; no obstante, nunca deja de intentarse un tratamiento reflexivo del asunto. Se tiene hoy la idea de haber hecho un esfuerzo que justifique su consideración. Esperamos que coincida usted con este parecer y, lo más importante, se anime a razonar acerca de sus relaciones con las otras personas. Un futuro marcado por la concordia, o el conflicto, depende de aquello.

Percontari Nº 7

Entre la fascinación y el desprecio

Son pocas las palabras que han originado tantas reflexiones como la libertad. En distintos lugares y épocas, encontramos personas que la consideraron con diversos fines. Es que no ha sido solamente un término generoso para las meditaciones, los diálogos, el debate; la historia nos muestra su provecho práctico. Son incontables los sujetos que optaron por invocarla para procurar un cambio en la realidad. Aunque resultaba beneficioso teorizar al respecto, pues muchos de nuestros postulados lo precisan, su mera comprensión fue insuficiente. Así, se gestaron movimientos que, en su nombre, protagonizaron contiendas admirables, pero también consumaron abominaciones de la peor calaña, segando cuantiosas vidas. La Ilustración, con sus brillantes pensadores, y el jacobinismo, tan radical cuanto monstruoso, sirven para evidenciar ambas facetas.  No obstante, ni siquiera las peores cruzadas en su favor podrían restarle importancia, pues se trata de un aspecto básico, fundamental, hasta vital para nuestra existencia.

Exceptuando los casos en que se patrocina una postura sombría, cabe concebir la libertad como un elemento inherente a nuestra naturaleza. Esa línea marcada por Locke, Rousseau y Nozick, entre otros autores, es digna del amparo más firme. Correspondería, por lo tanto, que rechazáramos la esclavitud, cualquier tipo de servidumbre, así como todo dogmatismo, por ser profundamente contrarios a esa convicción. Por desventura, aun cuando se haya realizado una labor titánica para dotar a esa idea de un respaldo mayoritario, numerosos individuos no valoran tal proeza. Pasa que, si bien todos nacimos libres, esto no implica un aprecio unánime, una valoración positiva de dicha facultad. No me refiero sólo al desinterés sobre su conocimiento; ante todo, cuestiono la facilidad con que demasiada gente se decanta por menospreciarla frente al ejercicio del poder.

Es innegable que nuestro tema central puede ser trabajado desde distintas ópticas. En este número, usted advertirá que hay disquisiciones éticas, ontológicas, antropológicas, neurocientíficas, lingüísticas y, por supuesto, políticas, las cuales fueron formuladas para ofrecerle una lectura fructífera. Procediendo de este modo, es posible notar cuán variados pueden ser los ejercicios filosóficos que llevamos a cabo; empero, se hallan hermanados por su talante crítico. Quizá sea ésta la mejor forma de mostrar cuánto afecto sentimos por esa condición del hombre, cuya falta, sea ésta forzosa o voluntaria, será siempre indeseable. No experimentar ningún pesar por su ausencia es un camino seguro a la perdición.

Percontari Nº 6

Un vacío infatigable

Si, como ha sostenido Epicteto, la filosofía surge cuando nos percatamos de nuestra propia debilidad e impotencia, es fundamental que reconozcamos limitaciones en el campo del conocimiento. Somos criaturas que, aunque lo anhelemos, no tendremos la dicha (o desventura) de contar con todas las respuestas. Es una condición que no dejará de acompañarnos mientras agotemos la vida. Podemos recurrir al autoengaño, creernos descomunales mentiras sobre competencias personales, destrezas e ingenio; sin embargo, la realidad nos abofeteará en cualquier momento. Jamás podremos librarnos de preguntas que desnuden cuán monstruosa es nuestra ignorancia. Poco interesa un fenómeno tan corriente como el de la vanidad, pues un gran amor propio no es idóneo para volvernos sobrehumanos. Lo sensato es aprender a lidiar del mejor modo posible con esa particularidad, evitando miserias y exageraciones. Porque, incluso teniendo móviles muy nobles, se pueden cometer auténticas tonterías.

Montaigne criticaba el mero acumulamiento de información, saberes o conocimientos. La erudición no lo cautivaba; esa manía de atiborrar una mente con datos diversos, desde básicos hasta totalmente inútiles, le parecía reprochable. Aclaro que no lo afirmaba un troglodita, menos todavía una persona renuente al contacto con los libros; por el contrario, la lectura fue siempre uno de sus hábitos principales. Su malestar se presentaba cuando analizaba los despropósitos de un sistema educativo que, como sucede aún hoy, priorizaba la cantidad en lugar del nivel, calidad o provecho ligado al aprendizaje. Para el célebre autor de los Ensayos, esa vía seguida por numerosos profesores no podía sino resultar desastrosa. Así, se apreciaba el acto de conocer, pero era necesario llevarlo a cabo con mayor inteligencia.

Aun cuando los combates librados en contra de la ignorancia sean infinitos, no cabe abandonar su realización. Pasa que la lejanía de un destino es insuficiente para descartar su conquista. Debe hacerse lo posible por comprender mejor esa realidad del hombre, ese vacío que nunca podrá llenarse, pero cuya existencia puede servir para desafiarnos a diario, permitiendo nuestro crecimiento. En este número de la revista, mediante ideas tan variadas cuanto interesantes, se intenta realizar un aporte al debate sobre tal asunto. Una vez más, tratamos de incitarlo a reflexionar, persuadirlo del beneficio que traen consigo estas labores. No ignoramos la posibilidad de fracasar en dicho cometido; empero, estimado lector, preferimos correr ese riesgo a mantenernos en el silencio más descerebrado.

Percontari Nº 5

La frustración de no ser

Descubrir lo que uno verdaderamente es, libre de poses y afectaciones, debe considerarse como una misión fundamental en la vida. Sentirse un individuo realizado, aspiración que será siempre meritoria, justifica el interés sobre tal cometido. Es un llamamiento que, exceptuando a quienes prefieren la más censurable mediocridad, nadie optaría por menospreciar. Desde los tiempos antiguos, quienes, como Píndaro, procuraron ilustrar al prójimo han pregonado que, sin el conocimiento de nosotros mismos, todo mérito resulta insuficiente para sustentar la satisfacción personal. Aun la proyección de nuestra existencia, algo tan propio del individuo sensato, preocupado por no irrespetar los derechos ajenos, demandará labores en ese campo. En consecuencia, mientras haya inteligencia, corresponde que hagamos lo posible por contestar una pregunta reflexionada por Bertrand Russell, Michel Foucault y otros pensadores de diversa línea: ¿qué soy?

Del reconocimiento de uno mismo, efectuado sin importar los juicios que son lanzados por el prójimo, surgen ideas, planes, proyectos relacionados con lo venidero. De este modo, regularmente, concebimos desafíos que deben asumirse, pues, si prefiriésemos su evasión, incurriríamos en un despropósito mayor: obstaculizaríamos la tendencia, el impulso que, fundado en convicciones e ideales, nos conduce hacia donde un fenómeno tan importante como nuestra felicidad es posible. Ello no quiere decir que, al promover el aliento a las inclinaciones personales, los logros estén garantizados. No se trata de amparar una postura consecuencialista, tan apreciada por el utilitarismo; sean favorables o adversos, los resultados jamás deben entenderse como indispensables para motivar esa búsqueda del fin que haría posible nuestra realización. En otros términos, el acierto no irrumpe para su reconocimiento cuando hay éxito o fracaso; la sola apuesta por existir conforme a nuestras premisas más profundas y, obrando así, agotar los años debe juzgarse honorable.

Pensar acerca del fracaso se constituye en una faena indiscutiblemente provechosa. Hay filósofos que, como Montaigne, Schopenhauer o Nietzsche, nos ayudan a entender su impacto en la vida humana, tanto individual como colectiva. En las siguientes páginas, esas reflexiones son enriquecidas merced a diversos criterios que, con seguridad, aportan al análisis del asunto ya señalado. Como suele pasar, esperamos que todos los textos sean dignos de su atención. Quizá, por la impagable indulgencia del lector, tengamos éxito en este quehacer. 

 

Percontari Nº 4

Ante una certidumbre radical

Como Descartes, es posible que la duda inunde nuestra vida, estremeciendo espacios en los cuales hallábamos tranquilidad. Así, con ímpetu, las vacilaciones socavarían los fundamentos de creencias, ideas y doctrinas que considerábamos determinantes para orientarnos a diario. Si bien esto puede ser provechoso desde una perspectiva intelectual, pues nos desafiaría a remirar posturas que parecían inamovibles, muchos prefieren la comodidad del dogma o el prejuicio. En cualquier caso, tanto escépticos como fanáticos del pensamiento cerrado, excluyendo a sujetos con aversión al razonamiento, reconocerán que tienen una certeza capaz de afectar su existencia: la muerte. No hay, pues, nadie que se libre del deceso. La conciencia de su llegada puede variar conforme a las particularidades del individuo; sin embargo, descartar esa cesación resulta ilusorio.

La vida es un proyecto que cada quien concibe y forja hasta cuando se agotan sus fuerzas. Sin falta, la muerte levanta un muro que impide cualquier destrucción o escalada; con su arribo, se acaba el anhelo de superarnos, permitiendo nuestro juzgamiento. Porque, una vez consumado ese fin, las decisiones que tomamos en distintos momentos podrán ser objeto de valoración. Ya no será factible ninguna enmienda; las imperfecciones se notarán con rapidez, así como, si hubiere benevolencia, los aciertos que hayamos tenido. En resumen, ese tiempo fúnebre se presenta como un ambiente propicio para estimar una obra que, aun cuando no fuésemos conscientes de aquello, hemos consumado. Acoto que no aludo sólo al hecho de ponderar teorías, aunque esto deba efectuarse. Pienso en Norberto Bobbio, quien, poco antes de morir, creía que, allende sus numerosos libros, estaban el afecto, la familia, los amigos: un legado que ninguna desaparición física lograría pulverizar.

Desde Platón hasta Derrida, por mencionar dos ejemplos muy conocidos, filosofar sobre la muerte ha sido una labor que muchos acometieron. En esta cuarta entrega de la revista, el tema ha merecido análisis que pueden interesar a quienes se sienten a gusto con estos quehaceres del pensamiento. Sabemos que un asunto como ése no puede ser extenuado en una veintena de páginas. Lo más seguro es que, hasta cuando haya vida humana, las reflexiones al respecto no terminen. No obstante, gracias al esfuerzo de nuestros colaboradores,  apostamos por contribuir a su discusión.

 

Percontari Nº 3

Iluminando las penumbras

El desafío de meditar sobre temas que afectan nuestra existencia nos incumbe a todos. Si cada uno comprendiera que, gracias al razonamiento, la crítica y el debate, resulta posible mejorar como persona, nuestra realidad sería más grata. No me refiero sólo a una dimensión individual; esto es importante, pero no se trata de lo único que merece atención. Para resultar placentera o, por lo menos, tolerable, la convivencia con los demás exige que no despreciemos el oficio de pensar. Este quehacer, generosamente reivindicado por Julián Marías, es el que permite la fijación de límites, sin los cuales una vida en común sería imposible. Cuando esas restricciones, que nunca deben ser opresivas, se levantan sin respeto al hombre y su espíritu crítico, la sociedad no mostrará sino un horizonte tenebroso. Así, queda claro cuál es ese recurso que, aunque no sea infalible, ayuda en esta singular aventura de vivir.

Desde los primeros años, a través de autoridades que el mundo nos presenta, se intenta nuestro rechazo al mal. Cualquiera de sus manifestaciones, en el ámbito público o privado, tendría que originar una condena inmediata. La idea de normalidad sería concebible únicamente cuando se consumara esa reprobación; caso contrario, estaríamos frente a una conducta irregular, anómala, censurable. Sin embargo, vale la pena preguntar acerca de los fundamentos del veto, las causas que provocan ese rechazo mayoritario. Siendo uno de los principales criterios que, procurando evitarla, usamos para regir nuestros actos, la maldad no puede quedar exenta del análisis. Merced a estos menesteres reflexivos, se ha tenido la fortuna de avanzar, relegando prácticas que ya justificaban nuestra repulsa.

En las páginas que alberga este número, nuestros colaboradores escriben acerca del mal. Como era previsible, su ingenio ha sido explotado de tal modo que nos regalan ensayos indiscutiblemente útiles para considerar la cuestión. Con certeza, los textos brindan lo necesario a fin de afrontar esa problemática. Sin el ánimo de pontificar, se aguarda que quienes nos lean abandonen la indiferencia al respecto. Si bien ésta es, en opinión del magistral José Ferrater Mora, una forma de afrontarlo, debe ser entendida como la menos deseable. El desdén ante las perversidades puede costarnos hasta la vida. Convendrá siempre percatarse de su presencia y enfrentarlas sin tibiezas.

 

Percontari Nº 2

Dialéctica de la mentira

En nuestro primer número, reflexionamos acerca de la felicidad. Sabíamos que agotar el tema era ilusorio; por tanto, aspirábamos únicamente a generar inquietudes al respecto. Ésta fue la misión que asumieron quienes colaboraron entonces con Percontari. Así, recurriendo a distintos enfoques, se plantearon ideas que aportaban al debate sobre dicho asunto. Tres meses después de haberlo hecho, estimamos que una ocurrencia como ésa se justificó a cabalidad. Lo señalamos gracias a comentarios de individuos que no aprecian lugares comunes, prejuicios y banalidades, pues han entendido el objetivo perseguido por esta publicación. Nunca dejará de ser grato el apoyo que se brinda en las contiendas intelectuales. Por supuesto, si bien es innegable que lo venidero puede sorprendernos de diversas maneras, nos comprometemos a mantener esta cruzada hasta cuando el oscurantismo, en sus diferentes formas, haya desaparecido. 

Ahora bien, en esta oportunidad, para continuar con las provocaciones intelectuales, discurriremos sobre la mentira. Como es sabido, la cuestión ha sido considerada durante las distintas épocas, mereciendo juicios diversos, al igual que fértiles para el debate. No se desconoce que, conforme a lo expresado por Rafael Ferber, entre otros autores, resultaría más atinado discutir en relación con la verdad; empero, según nuestro criterio, su opuesto nos ofrece mayores ventajas para provocar al lector. Porque, aunque, por el legado judeocristiano, parezca evidente en muchas sociedades que mentir está mal, si nos atreviéramos a meditar con libertad, podríamos percatarnos de cuán razonables son algunas objeciones a esa condena. Lo fundamental es regalarnos la oportunidad, desgraciadamente rara, de remirar todo aquello que nos han dictado en ese campo. Quizá, luego de hacerlo, ratifiquemos nuestras convicciones; no obstante, resulta asimismo posible que no encontremos tan repudiable, en determinadas circunstancias, atentar contra cualquier verdad.

Nuevamente, las páginas de nuestra revista cuentan con textos que, ante todo, destilan sinceridad. Hay la osadía de forjar ideas, intentar cuestionamientos, incluso proponer máximas que nos guíen mientras transitamos por este curioso mundo. En ese afán, pueden cometerse equivocaciones, pero éstas no deben servir para relegar un mérito superior: el heroísmo de quienes procuraron pensar sin ninguna restricción. Esperemos que se valore la proeza.

 

Percontari Nº 1

Preguntando sobre la felicidad

En tiempos que celebran la frivolidad y menosprecian el trabajo intelectual, Percontari aparece para ofrecer una opción distinta. Esta publicación del Colegio Abierto de Filosofía asume la tarea de provocar al semejante, contribuir a que piense por su propia cuenta. Es cierto que no hay originalidad en nuestro cometido, pues ésa fue la pretensión de numerosas personas. Pese a ello, estamos seguros de que un proyecto como éste nunca será inútil. Sea como individuos o en la condición de asociados a un grupo cualquiera, el razonamiento no puede sino ser provechoso. Gracias a su ejercicio, afrontamos problemas de diversa índole, pero también, cuando nos acompaña, nuestra existencia se torna más grata.

Tal como lo señala Jaspers, las preguntas de la filosofía son más esenciales que sus respuestas. La disciplina consagrada por Sócrates es una búsqueda, un esfuerzo realizado para distanciarnos del error, las necedades, los despropósitos. Desde Tales hasta Bunge, los filósofos no quieren ser sabios. Lo que procuran, por medio de interrogantes, dudas, conjeturas, refutaciones y críticas, es franquear el camino a la verdad. No es una labor sencilla; sin embargo, su importancia es tal que, si se la hubiese relegado, los progresos del mundo habrían sido imposibles. Confiamos en que, mientras haya gente con ánimo de cuestionar, las mejoras serán factibles. Amparados en esta idea, usamos el término latino del cual deriva la palabra preguntar para nombrar nuestra revista.

En este primer número, el lector encontrará ensayos que tienen un tema central: la felicidad. Los autores discurrieron sobre dicho asunto en libertad y, además, conforme a la naturaleza del género literario que practican. Cada uno de sus párrafos refleja ideas que son adoptadas por quien los escribe; si bien las novedades son difíciles en este campo, se ha intentado ser auténtico. En resumen, a lo largo de las siguientes páginas, no se ofrecen recetas ni máximas triviales; hay sólo la invitación al debate. Quizá tengamos la suerte de no despertar bostezos.