Percontari Nº 4(2 min. lectura)

Ante una certidumbre radical

Como Descartes, es posible que la duda inunde nuestra vida, estremeciendo espacios en los cuales hallábamos tranquilidad. Así, con ímpetu, las vacilaciones socavarían los fundamentos de creencias, ideas y doctrinas que considerábamos determinantes para orientarnos a diario. Si bien esto puede ser provechoso desde una perspectiva intelectual, pues nos desafiaría a remirar posturas que parecían inamovibles, muchos prefieren la comodidad del dogma o el prejuicio. En cualquier caso, tanto escépticos como fanáticos del pensamiento cerrado, excluyendo a sujetos con aversión al razonamiento, reconocerán que tienen una certeza capaz de afectar su existencia: la muerte. No hay, pues, nadie que se libre del deceso. La conciencia de su llegada puede variar conforme a las particularidades del individuo; sin embargo, descartar esa cesación resulta ilusorio.

La vida es un proyecto que cada quien concibe y forja hasta cuando se agotan sus fuerzas. Sin falta, la muerte levanta un muro que impide cualquier destrucción o escalada; con su arribo, se acaba el anhelo de superarnos, permitiendo nuestro juzgamiento. Porque, una vez consumado ese fin, las decisiones que tomamos en distintos momentos podrán ser objeto de valoración. Ya no será factible ninguna enmienda; las imperfecciones se notarán con rapidez, así como, si hubiere benevolencia, los aciertos que hayamos tenido. En resumen, ese tiempo fúnebre se presenta como un ambiente propicio para estimar una obra que, aun cuando no fuésemos conscientes de aquello, hemos consumado. Acoto que no aludo sólo al hecho de ponderar teorías, aunque esto deba efectuarse. Pienso en Norberto Bobbio, quien, poco antes de morir, creía que, allende sus numerosos libros, estaban el afecto, la familia, los amigos: un legado que ninguna desaparición física lograría pulverizar.

Desde Platón hasta Derrida, por mencionar dos ejemplos muy conocidos, filosofar sobre la muerte ha sido una labor que muchos acometieron. En esta cuarta entrega de la revista, el tema ha merecido análisis que pueden interesar a quienes se sienten a gusto con estos quehaceres del pensamiento. Sabemos que un asunto como ése no puede ser extenuado en una veintena de páginas. Lo más seguro es que, hasta cuando haya vida humana, las reflexiones al respecto no terminen. No obstante, gracias al esfuerzo de nuestros colaboradores,  apostamos por contribuir a su discusión.

 

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